Pasadas las elecciones legislativas quedaron en el peronismo santamariano, a pesar de la victoria conseguida, muchos interrogantes y cuestiones engorrosas sobre las que se deberá echar mano para poder comprender cuales fueron los motivos que llevaron al éxodo de votos (respecto de los guarismos de las elecciones PASO) desde el Frente Justicialista Para la Victoria hacia el resto de las dos principales listas, Unión Ciudadana y el Frente Cambiemos-FCYS, generando gran malestar y confusión entre los principales referentes del espacio que lidera el electo Senador por Santa María, Raúl Chico. Recordemos que las expectativas eran muy altas y se esperaba conseguir una aplastante victoria que lo catapulte a Chico a buscar la vicegobernación de la provincia y de hacerse con el liderazgo del peronismo en el departamento, objetivos que a la luz del desenlace de los hechos quedan un poco lejanos. Cabe destacar que el mismo Raúl Chico salió en el día de ayer, en un raid mediático, a abrir el paraguas y deslindar responsabilidades, insinuando que la mala elección hecha en el centro del principal distrito del departamento se debe a la deslealtad o falta de acompañamiento de quienes conforman la línea del actual intendente de Santa María. Como el voto tiene las cualidades de ser “secreto” y se entiende, o al menos se busca, que sea emitido a conciencia, los factores de lealtad o deslealtad que se le atribuyen quedan subsumidos en el ámbito subjetivo de cada sufragante y es de suma dificultad poder comprobar lo insinuado por el electo senador. Dicho esto, pasemos a considerar los factores “objetivos” con los cuales se puede tener una mejor certeza y de los que si podemos fiarnos para sacar conclusiones que salgan un poco de la esfera de lo estrictamente especulativo:

En principio, es preciso reconocer como el principal factor de la pérdida de votos del Frente Justicialista, la holgada embestida mediática que pesó sobre los hombros del Ministro Chico. Escándalos de corrupción como el del “Plan Tomate”; los desmanejos e irregularidades en el seno del Ministerio de Producción tanto en Santa María como en el resto de la provincia resonaron en medios provinciales y en algunos casos hasta en medios nacionales, haciendo mella hasta en la voluntad de los votantes con mejor conducta partidaria.

También es insoslayable la endeble campaña política y las estrategias que se ejecutaron para seducir al electorado (más proclive y próximo) desde el sector del Actual Ministro y Senador. Con una apertura, tan solo en “apariencia”, hacia los militantes de las demás líneas internas del partido que en muchos casos se acercaron a colaborar y desistieron luego de sentir el rigor, la falta de atenciones básicas y el infortunio del “derecho de piso”. Esto sumado a que Chico no procede del peronismo de “primera hora” sino que sus orígenes pueden ser fácilmente ubicados en el radicalismo y que fue mutando al justicialismo al unísono del liderazgo del corpaccismo. Lo cierto es que el ciudadano identificado con el peronismo parece haber comenzado a tener una visión más crítica y menos obsecuente respecto del “quehacer” de sus dirigentes, que pareciera ser que pugnan la tan ansiada “unión” solamente en pos de sus intereses personales, como se puede ver en el caso del ex Intendente Andersch, hoy sumido en un fraterno abrazo peronista con Chico y antaño “enemigo acérrimo” del mismo, sin una concepción ni motivación clara o “creíble” más que la de la conveniencia. Queda la impresión de que el votante peronista luego de muchos sucesos que golpearon su orgullo e identidad partidaria como por ejemplo la inclusión política, gestada a dedo por Andersch, del actual Senador Gustavo Marcial, cuya gestión en la cámara alta de Catamarca quedara para el olvido; las candidaturas sin consensos y al estilo “príncipe”; la designación de candidaturas por orden de filiación; entre tantos otros hechos, fueron colmando la paciencia y erosionando la “lealtad” y la tolerancia de los peronistas, llevándolos a desarrollar un sentido mucho más crítico y asestando castigos mediante la preciada arma del voto a quienes a fuerza del “verticalismo” se erigen mariscales de todo menos de las derrotas.